El llamado a la oración

Por: pastor Daniel Brito

Título: El llamado a la oración

Texto: 1 Timoteo 2:1-8:

«Así que recomiendo, ante todo, que se hagan plegarias, oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos,2 especialmente por los gobernantes y por todas las autoridades, para que tengamos paz y tranquilidad, y llevemos una vida piadosa y digna.3 Esto es bueno y agradable a Dios nuestro Salvador,4 pues él quiere que todos sean salvos y lleguen a conocer la verdad.5 Porque hay un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre,6 quien dio su vida como rescate por todos. Este testimonio Dios lo ha dado a su debido tiempo,7 y para proclamarlo me nombró heraldo y apóstol. Digo la verdad y no miento: Dios me hizo maestro de los *gentiles para enseñarles la verdadera fe. 8 Quiero, pues, que en todas partes los hombres levanten las manos al cielo con pureza de corazón, sin enojos ni contiendas.»

Introducción:

¿Por qué debemos orar? Esa es una pregunta que muchos hacen. La oración es una comunión directa entre el cristiano y Dios. Es una intercesión por otros, y por uno mismo. Trataremos los siguientes puntos:

(1) Dios quiere que todos sean salvos.

(2) Orad sin cesar.

(3) JESUCRISTO el mediador.

(4) Una vida de santidad debe acompañar a la oración del creyente.

Lección:

1. Dios quiere que todos sean salvos. —El apóstol comienza hablándole a Timoteo sobre cual debe ser la actitud del cristiano, hacia otras personas. Y debe ser una de orar por todos, no es para que Dios los bendiga, sino para que vengan al arrepentimiento. Eso es una oración de intercesión por los demás, y una que debe mostrar cual debe ser el carácter cristiano.

a. El apóstol ahora usa un ejemplo de los tantos que hay sobre por quien orar, y es sobre las autoridades civiles, el apóstol aclara en el verso 2: «especialmente por los gobernantes y por todas las autoridades, para que tengamos paz y tranquilidad, y llevemos una vida piadosa y digna»

b. Pablo aquí aclara que es nuestro deber orar por las autoridades por muy injustas que sean. La razón es que la oración es una intercesión, porque es Dios quien moldea o cambia el corazón del político que es honrado, y del que es corrupto.

i. (Proverbios 21:1) «En las manos del Señor el corazón del rey es como un río: sigue el curso que el Señor le ha trazado.»

2. Orad sin cesar. — La oración debe ser parte de nuestra vida todos los días. El apóstol Pablo les dice a los Tesalonicenses: “oren sin cesar” (1ª Tesalonicenses 5:17). Muchos interpretan este Texto diciendo que “oren sin cesar” es sacar un tiempo diario para hablar con Dios, pero eso no es lo que el Texto dice. Tampoco dice que oremos varias veces en el día. El Texto es bien claro al decir: “oren sin cesar”

a. ¿Cómo puede el creyente orar todo el tiempo?

i. “Orar sin cesar no significa solamente entregarse fielmente a la oración en ciertos momentos que es necesario saber apartar para ello, sino estar siempre en comunión con Dios, tener el corazón dirigido hacia él, implorarle en secreto, lo que es posible en medio de la vida más atareada.”[1]

ii. La oración reconoce nuestra dependencia hacia Dios, y cuanto dependemos de Dios en toda circunstancia.[2]

b. Esto nos debe recordar lo dicho por nuestro SEÑOR JESUCRISTO, en la Parábola de la viuda y el juez injusto.

i. «Jesús les contó a sus discípulos una parábola para mostrarles que debían orar siempre, sin desanimarse.» (Lucas 18:1).

ii. La Biblia de las Américas lo traduce:

(1) «Y les refería Jesús una parábola para enseñarles que ellos debían orar en todo tiempo, y no desfallecer.»

iii. El sentido de la palabra es de ORAR, para no desfallecer o desmayar. Ambos llevan al desánimo.

iv. Nuestro SEÑOR JESUCRISTO conoce muy bien al ser humano, y sabe qué fácil puede desanimarse, o desfallecer en los momentos difíciles. Pero para prevenirlo, nos dice: «que ellos debían orar en todo tiempo, y no desfallecer.»

(1) En otras palabras, la oración es el antídoto para no desfallecer.

v. Esa es claramente la importancia de la oración, y la razón de por qué debemos ORAR SIN CESAR.

3. JESUCRISTO el Mediador. —(Verso 5) «Porque hay un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre»

a. Ahora pasamos a una parte muy importante, y es que por medio del Sacrificio en la Cruz del Calvario por medio de nuestro SEÑOR JESUCRISTO, tenemos libre acceso al Trono de la Gracia, a través de JESUCRISTO, que es el único MEDIADOR entre Dios y los hombres. Notemos algunas cosas:

i. JESUCRISTO fue a la Cruz del Calvario a Reconciliar al ser humano con Dios. Él dio Su Vida por nuestros pecados.

ii. JESUCRISTO es el MEDIADOR, entre el Padre y NOSOTROS. Es el MEDIADOR, porque es por medio de la CRUZ, o sea, Su Obra en la Cruz del Calvario, que podemos llegar al Padre DIRECTAMENTE.

(1) Por eso debemos hacer un énfasis en la Obra de nuestro SEÑOR JESÚS en la Cruz, porque es por ese SACRIFICIO, que somos salvos, y podemos entrar con toda confianza al Trono de nuestro DIOS.

(a) «Así que acerquémonos confiadamente al trono de la gracia para recibir misericordia y hallar la gracia que nos ayude en el momento que más la necesitemos.» (Hebreos 4:16).

b. Notemos como el apóstol hace énfasis en la Divinidad y en la Humanidad de nuestro SEÑOR JESÚS. Veamos otra vez el verso 5: «Porque hay un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre»

i. El MEDIADOR es el CRISTO DIVINO, cien por ciento DIOS, y cien por ciento HOMBRE.

ii. Siendo que hay un SOLO MEDIADOR, es nuestra responsabilidad de hacerlo saber a otros. Porque si hay un SOLO MEDIADOR, es porque JESUCRISTO es el único CAMINO al PADRE en la ORACIÓN, pero también para ser salvo. De ahí que JESUCRISTO dijo:

(1) «Yo soy el camino, la verdad y la vida —le contestó Jesús—. Nadie llega al Padre sino por mí.» (Juan 14:6).

iii. Como el Hijo del Hombre, JESUCRISTO vino a SALVARNOS del pecado, y para poder rescatarnos del pecado, JESUCRISTO tenía que ser pariente del hombre.

(1) «Él se entregó por nosotros para rescatarnos de toda maldad y purificar para sí un pueblo elegido, dedicado a hacer el bien.» (Tito 2:14).

4. Una vida de santidad debe acompañar a la oración del creyente. —(Verso 8) «Quiero, pues, que en todas partes los hombres levanten las manos al cielo con pureza de corazón, sin enojos ni contiendas.»

a. El levantar las manos era como los judíos solían hacer, y es algo que también nosotros hacemos.

b. El creyente debe buscar la santidad todos los días.

i. (Santiago 4:8) «Acérquense a Dios, y él se acercará a ustedes. ¡Pecadores, límpiense las manos! ¡Ustedes los inconstantes, purifiquen su corazón!»

c. Nuestro Texto de 1ª Timoteo 2:8 que hemos leído dice:

i. «Quiero, pues, que en todas partes los hombres levanten las manos al cielo con pureza de corazón, sin enojos ni contiendas.»

ii. Notemos la última parte donde dice: «sin enojos ni contiendas.»

iii. La oración debe ir acompañada del amor, donde los malos sentimientos no estén.

iv. Cuando hay riñas, discusiones, y malos sentimientos, el creyente debe orar para arrepentirse y buscar la ayuda de Dios.

d. Y para terminar, recordemos que estos principios para orar, culminan en: “Oren sin cesar.”

i. Esa es la vida del creyente, una vida de oración, y entrega TOTAL a nuestro SEÑOR JESUCRISTO, que es nuestro único MEDIADOR y SALVADOR.

Conclusión:

Oremos.

 

Notas:

1. L. Bonnet, Comentario del Nuevo Testamento, tomo 3, p. 639, Casa Bautista de Publicaciones.

2. David J. Williams, 1 and 2 Thessalonians, NIBC, p. 99, Hendricson Publishers.

*Toda referencia Bíblica es tomada de la Biblia, Nueva Versión Internacional.*

**Este sermón fue predicado en Julio, 2009**

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