SEÑOR, auméntanos la fe

Por: pastor Daniel Brito

Título: SEÑOR, auméntanos la fe

Texto: Lucas 17:5:
«Entonces los apóstoles le dijeron al Señor:  —¡Aumenta nuestra fe!»

Introducción:

En este pasaje encontramos una petición que los apóstoles le hicieron al SEÑOR JESÚS, al sentirse incapacitados por las enseñanzas de nuestro Salvador. Trataremos los siguientes puntos:

(1)    La incapacidad del creyente.
(2)    Cuando las enseñanzas de JESUCRISTO se hacen difícil.
(3)    La simplicidad de la fe.
(4)    La fuente de la fe.

Lección:

1.    La incapacidad del creyente. —Los apóstoles escuchan unas enseñanzas por parte de nuestro SEÑOR JESUCRISTO, que se les hizo un poco difícil de aceptar, al sentirse ellos incapaces de cumplirlas. Por eso ellos le dicen:  «Entonces los apóstoles le dijeron al Señor:  —¡Aumenta nuestra fe!» Todos hemos pasado por circunstancias donde la incapacidad humana se hace notoria, y donde parece que la fe de uno es insuficiente. Son esas las circunstancias, que nos envían a buscar que nuestra fe aumente. Eso nos lleva al siguiente punto.

2.    Cuando las enseñanzas de JESUCRISTO se hacen difícil. —(Lucas 17:1-4) «Luego dijo Jesús a sus discípulos:  —Los *tropiezos son inevitables, pero ¡ay de aquel que los ocasiona!2 Más le valdría ser arrojado al mar con una piedra de molino atada al cuello, que servir de tropiezo a uno solo de estos pequeños.3 Así que, ¡cuídense!  »Si tu hermano peca, repréndelo; y si se *arrepiente, perdónalo.4 Aun si peca contra ti siete veces en un día, y siete veces regresa a decirte “Me arrepiento” , perdónalo.»

a.    Aquí tenemos DOS enseñanzas por parte de nuestro SEÑOR, que preocupan a los apóstoles.

i.    En primer lugar, tenemos a los tropiezos, que nuestro SEÑOR afirma que todos debemos de cuidar de no hacer que alguien tropiece. En este caso, el SEÑOR se está refiriendo a los que tientan o prueban a otros para que caigan en pecado. Como dice un comentarista:

(1)    “¡Ay de aquel que enseña a otros a pecar, o les hace perder la inocencia!”[1]

ii.    En segundo lugar, tenemos las enseñanzas de nuestro SEÑOR sobre el perdón. Esta enseñanza se asemeja a la que encontramos en el Evangelio de Mateo, que después de una pregunta de Pedro, nuestro SEÑOR les enseña sobre la diferencia que existe entre el mundo, y los que están en el Reino de Dios.

(1)    (Mateo 18:21-22) «Pedro se acercó a Jesús y le preguntó:   —Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar a mi hermano que peca contra mí? ¿Hasta siete veces? 22 —No te digo que hasta siete veces, sino hasta setenta y siete veces»

(2)    La literatura Rabínica enseñaba que si un hombre peca una, o dos, o tres veces, se perdona. Pero si peca una cuarta vez, no se perdona. [2] Con eso parece que Pedro creía que estaba siendo generoso, al preguntarle a JESÚS si debería hacerlo hasta siete veces. Pero el SEÑOR JESUCRISTO le responde que no, y le dice que hasta 70 veces siete, o 77 veces. Lo que es una cantidad bien alta, y es aquí en esta enseñanza, donde los apóstoles muestran que sin la ayuda de Dios, no lo pueden hacer. Veamos lo que el SEÑOR les quería enseñar:

(a)    JESUCRISTO lo que les quería enseñar, es que en el Reino de Dios, el comportamiento entre los hermanos en Cristo es muy diferente a como el mundo lo hace. Porque en el mundo es muy común el rencor, los resentimientos y el odio. En el Reino de Dios esas cosas no son aceptadas.

(b)    Con esto el SEÑOR no está quitando la culpabilidad del que peca, ni tampoco enseña que aceptemos los pecados de otros. Simplemente cuando alguien se arrepiente, debemos estar listos para perdonar.

(3)    Esto ahora nos lleva a nuestro siguiente punto.

3.    La simplicidad de la fe. —(Lucas 17:6) «Si ustedes tuvieran una fe tan pequeña como un grano de mostaza —les respondió el Señor—, podrían decirle a este árbol: “Desarráigate y plántate en el mar” , y les obedecería.»

a.    Podemos notar con esta respuesta de nuestro SEÑOR, que Dios no espera una FE gigantesca por parte de nadie. Más bien al usar este tipo de ejemplo, que se conoce como una hipérbole Oriental, o una “exageración”, nuestro SEÑOR nos está mostrando lo que una FE tan pequeña como el grano de mostaza, puede hacer.

b.    Con eso nuestro SEÑOR les dice que las Verdades del Evangelio, no necesitan una FE especial para ser entendidas o aplicadas. Al igual que cuando el creyente pasa por adversidades o por tentaciones, no necesita ninguna FE gigantesca.  Porque si una FE del tamaño de un grano de mostaza puede mover montañas y árboles, entonces es suficiente para que el creyente pueda confiar en el SEÑOR en medio de la adversidad.

c.    Ahora concluimos con nuestro último punto sobre la fuente de la fe.

4.    La fuente de la fe.  —Ahora para finalizar esta lección, vamos a lo que es la fuente, o sea, lo que alimenta nuestra fe, y es la PALABRA DE DIOS. El creyente tiene la las herramientas que nuestro SEÑOR le ha dejado para así poder crecer en su conocimiento de Dios. Eso solamente se puede hacer por medio de la PALABRA DE DIOS, porque Su Palabra, nos está revelando la OBRA MARAVILLOSA de DIOS cada vez que se lee, o cada vez que se escucha en una predicación como ésta.

a.    Veamos algunos ejemplos:

i.    (Romanos 10:17) «Así que la fe viene como resultado de oír el mensaje, y el mensaje que se oye es la palabra de Cristo.»

(1)    En primer lugar, podemos notar que la FE viene por el oír el mensaje de la Palabra de Dios.

ii.    (Salmo 1:1-2) «Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los malvados, ni se detiene en la senda de los pecadores ni cultiva la amistad de los *blasfemos, 2 sino que en la *ley del Señor se deleita, y día y noche medita en ella.»

(1)    Noten el beneficio de la meditación de la Palabra de Dios. Para los Judíos, el meditar era recitar en voz baja. De ahí que meditar de día y de noche muestra que es algo continuo. Y no solamente medita en la Palabra de Dios, sino que también se DELEITA en ella. Porque la Palabra de Dios no es GRAVOSA, al contrario, es una DELICIA.

iii.    (Josué 1:8) «Recita siempre el libro de la ley y medita en él de día y de noche; cumple con cuidado todo lo que en él está escrito. Así prosperarás y tendrás éxito»

(1)    Noten las instrucciones que Dios le da a Josué, que había quedado en lugar de Moisés como el líder de Israel, que tenía la responsabilidad de guiar a Israel a poseer la Tierra Prometida.

(2)    Josué tenía años de experiencia, porque había sido el ayudante de Moisés por muchos años. Él había sido testigo ocular de las Maravillas de Dios.

(3)    Sin embargo, Dios no le dice que recuerde las experiencias, sino que le dice que tome el libro de la ley, o sea, la BIBLIA, y que la recite DÍA Y NOCHE.

(4)    Es así como Josué iba a prosperar su camino o su trabajo tan extenso, y como verdaderamente iba a lograr tener éxito.

(5)    De ahí que el verdadero éxito, no se encuentra en las experiencias, ni en el conocimiento, sino en la OBEDIENCIA a la PALABRA DE DIOS. Y eso solamente se hace, tomando tiempo para leerla y para escucharla en una lección o un sermón.

b.    Después de esta lección, podemos notar que los apóstoles le pidieron más fe a nuestro SEÑOR, al sentirse ellos insuficientes delante de las pruebas, y así como ellos, muchos también cantan y piden más FE. Pero hemos aprendido que la FUENTE de la FE es la PALABRA DE DIOS. Y es en ella donde tenemos que poner nuestra mirada y nuestros oídos. Porque: «Así que la fe viene como resultado de oír el mensaje, y el mensaje que se oye es la palabra de Cristo.»

Conclusión:
Oremos.

Notas:

1. William Barclay, Comentario al Nuevo Testamento, p. 341, editorial CLIE.

2. Robert H. Mounce, Matthew, NIBC, p. 177, Hendrickson Publishers.


*Toda referencia Bíblica es tomada de la Biblia, Nueva Versión Internacional.*