JESÚS y El ESPÍRITU

Por: pastor Daniel Brito

Título:  JESÚS y El ESPÍRITU

Texto:  Juan 7:37-39

En el último día, el más solemne de la fiesta, Jesús se puso de pie y exclamó:

¡Si alguno tiene sed, que venga a mí y beba!38 De aquel que cree en mí, como dice la Escritura, brotarán ríos de agua viva.

39 Con esto se refería al Espíritu que habrían de recibir más tarde los que creyeran en él. Hasta ese momento el Espíritu no había sido dado, porque Jesús no había sido glorificado todavía.

Introducción

No hace mucho que estuvimos hablando sobre el Testimonio del Espíritu Santo para el mundo, y ahora seguimos ese mismo tema con la Obra del ESPÍRITU SANTO en la vida del creyente. Trataremos los siguientes puntos:

1) Una fiesta de agradecimiento

2) La sed espiritual

3) Mirando a la Cruz

4) Los Frutos del ESPÍRITU

Lección

1. Una fiesta de agradecimiento – Nuestra lección en esta noche comienza en el último día de la Fiesta de Tabernáculos, la cual era una fiesta de AGRADECIMIENTO llena de simbolismos en lo que el pueblo de Israel recordaba cuando los israelitas acamparon en el desierto después de salir de Egipto; pero también agradecían que JEHOVÁ DIOS les había dado los frutos durante el año anterior.

(a) El uso de agua durante esa fecha, recordaba la importancia de la lluvia para que aquello que se siembra se pueda llegar a recoger.

(b) Durante los primeros siete días de la fiesta, se hacía una ceremonia donde un sacerdote iba delante de una procesión al estanque de Siloé, usando un cántaro dorado para recoger agua, y derramarlo en el templo en un embudo en el área occidental del altar, mientras que el coro del templo cantaba los Salmos 113-118.[1]

(c) Es importante notar que es de esa forma que JESUCRISTO se pone en pie y con voz alta, hace su llamado.

2. La sed espiritual. – Parece ser que en el octavo o último día de la Fiesta, no se hacía la ceremonia del agua, y es ahí donde podemos apreciar lo que nuestro Salvador JESUCRISTO hizo, al ponerse de pie y hablar en voz alta para que todos pudieran oírle: “……—¡Si alguno tiene sed, que venga a mí y beba!JESUCRISTO estaba llenando esa AGUA que faltaba en el octavo día, pero en realidad, estaba mostrando que el AGUA que Él les estaba ofreciendo, era diferente, porque era ETERNA.

(a) JESUCRISTO ya había hablado del simbolismo de la sed que todo ser humano experimenta a diario, comparado con la sed espiritual. Hablando con la mujer Samaritana, JESUCRISTO le pidió agua, y en el intercambio que hubo entre ellos sobre el agua del pozo, nuestro Salvador le dice a la mujer (Juan 4:10).

i. “—Si supieras lo que Dios puede dar, y conocieras al que te está pidiendo agua —contestó Jesús—, tú le habrías pedido a él, y él te habría dado agua que da vida.

ii. Nuestro SEÑOR agrega:

A. (Juan 4:13-14) “Todo el que beba de esta agua volverá a tener sed —respondió Jesús—,14 pero el que beba del agua que yo le daré, no volverá a tener sed jamás, sino que dentro de él esa agua se convertirá en un manantial del que brotará vida eterna.”

(b) Es bien claro que JESUCRISTO está hablando de la salvación del hombre/mujer. La sed espiritual es aquella que nada ni nadie puede saciar, sino solamente Él mismo, porque es solamente el Nuevo Nacimiento (Juan 3:5) lo que puede cambiar al pecador. Eso nos recuerda Isaías 12:3:

i. Con alegría sacarán ustedes agua de las fuentes de la salvación.”

(c) Para concluir este punto, debemos notar que JESUCRISTO hace un llamamiento: “……—¡Si alguno tiene sed, que venga a mí y beba!”

3. Mirando a la Cruz. – (Juan 7:39) “Con esto se refería al Espíritu que habrían de recibir más tarde los que creyeran en él. Hasta ese momento el Espíritu no había sido dado, porque Jesús no había sido glorificado todavía.

(a) Nuestro Texto nos dice algo bien claro y es que el ESPÍRITU SANTO todavía no había sido dado. Eso no quiere decir que no estuviera en la tierra, sino que la Obra del ESPIRITU SANTO en la Iglesia, no había comenzado todavía porque faltaba algo muy importante, y era el Sacrificio y Resurrección de nuestro SEÑOR JESUCRISTO.

i. Es solamente por medio del Sacrificio en la CRUZ, que el ser humano puede recibir el perdón de los pecados y la vida eterna.

(b) JESUCRISTO iba a morir por los pecadores, y Resucitar de entre los muertos, y entonces enviaría al ESPIRITU SANTO para REGENERAR y HABITAR en aquellos que creyeran en CRISTO JESÚS.

4. Los Frutos del ESPÍRITU – (Juan 7:38) “De aquel que cree en mí, como dice la Escritura, brotarán ríos de agua viva.”

(a) En primer lugar, debemos notar que para ser salvo hay que CREER en JESUCRISTO. Ese creer no es un asentir de la cabeza solamente, sino que en el contexto de las enseñanzas de nuestro SEÑOR JESUCRISTO, creer es hacerse Su discípulo, y es adherirse a Él.

(b) En segundo lugar, cuando la persona CREE en JESUCRISTO, dice que “brotarán ríos de agua viva.” La persona ahora llega a ser un MANANTIAL el cual comparte con los demás. Esa es la realidad de la persona que encuentra a JESUCRISTO como Salvador personal, en ese momento, su vida ya no es igual, y esa FUENTE que siente en su interior, como ya hemos dicho, fluye en su interior como un MANANTIAL. Veamos algunas cosas:

i. Lo primero es que lo que la persona recibe en su interior, es algo que se comparte, porque ha encontrado al Salvador, ahora comparte ese nuevo gozo que siente en su vida.

ii. Lo segundo es que el creyente comienza a experimentar un cambio en su vida, eso es porque el ESPIRITU SANTO comienza el proceso de santificación gradual, o sea constante, y ahora la persona comienza a hablar diferente, y a actuar diferente. Gálatas 5:22-25 dice:

A. En cambio, el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, *fidelidad,23 humildad y dominio propio. No hay ley que condene estas cosas.24 Los que son de Cristo Jesús han crucificado la naturaleza pecaminosa, con sus pasiones y deseos.25 Si el Espíritu nos da vida, andemos guiados por el Espíritu.

(c) Para concluir nuestra lección, debemos preguntar, ¿has encontrado la fuente de vida eterna?

Conclusión

Oremos…

*Toda referencia Bíblica es tomada de la Biblia, Nueva Versión Internacional.

Para imprimir o compartir, pulse aquí.


[1] F.F. Bruce, The Gospel and Epistles of John, p. 181, Eerdmans.

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